El libro que deberías leer, si te consideras amante de los animales

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Imagina que te invitan a cenar en casa de una amiga tuya o un amigo tuyo. Desde que llegaste a su casa, percibes el olor de una comida deliciosa y ansías probarla cuanto antes. Por fin, llegó el momento. Pruebas el estofado y el sabor es muchísimo mejor de lo que imaginabas, así que le preguntas a la anfitriona o al anfitrión por la receta. Su respuesta es: «primero coges un kilo de carne de Golden retriever, marinada desde la noche anterior y luego…»

⚠️¿Cuál sería tu reacción? ¿Seguirías comiendo o el placer que sentías antes, se transformaría en asco sabiendo que se trata de carne de perro?

Ahora, imagina que tu amig@ se echa a reír y te dice que solo era una broma, que no es carne de perro sino de ternera.

🤔 ¿Cómo te sentirías entonces? ¿Recuperarías el apetito y seguirías comiendo, o se mantendría el malestar emocional?

Reaccionamos de un modo diferente ante distintos tipos de carne, no porque existan diferencias físicas entre ellas, sino más bien, porque las percibimos de un modo distinto. Estas variaciones se deben a las diferencias en el esquema mental. Es decir, la estructura psicológica que modela nuestras ideas, percepciones y experiencias.

Los esquemas también nos ayudan a organizar e interpretar automáticamente la información como un sistema de clasificación mental. Es por esto que tenemos esquemas para todo, incluso para los animales y cuando se trata de carne, clasificamos mayoritariamente a los animales en comestibles o no.

Por otra parte, los esquemas mentales se van construyendo y evolucionando a partir de un sistema de creencias muy estructurado. Un sistema de creencias que nos dicta qué animales comer y nos enseña a no sentir malestar emocional o psicológico al hacerlo.

👉Si te preocupan los animales y nunca te habías parado a pensar por qué comemos a unos y no a otros, y qué ocurre en nuestro cerebro cuando, aún preocupándonos por ellos, los comemos. El libro que te recomiendo es el de Melanie Joy, doctora en psicología social, titulado «por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas».

Table Of Contents

Libro y la autora

La lectura que te propongo es breve, fácil de leer y muy interesante para conocer la psicología del sistema que distorsiona nuestra percepción y nos distancia de nuestras propias emociones, transformando la empatía en apatía. El sistema de creencias que nos condiciona a comer unos animales determinados, sin pensar qué hacemos ni por qué, ha sido acuñado por la escritora como CARNISMO.

Melanie Joy y portada de su libro por que amamos a los perros
Melanie Joy y portada de su libro por que amamos a los perros

Carnismo

Ideología

La mayoría de las personas dedica un tiempo considerable en decidir qué producto comprar, escogiendo uno concreto dentro de la gran variedad de marcas y sabores que hay en el supermercado. Pero a la hora de reflexionar, sobre qué especies animales come y por qué, no le dedica ni tan solo un segundo. En la mayor parte del mundo, las personas no comen carne porque lo necesiten, sino porque deciden hacerlo y lo deciden sin pensar porque el sistema de valores que subyace a esta conducta es invisible.

Tendemos a considerar que el modo de vida mayoritario es un reflejo de los valores universales. Sin embargo, lo que consideramos normal no es más que el conjunto de creencias y conductas de la mayoría. Así era, por ejemplo, con el patriarcado, una normalidad mayoritaria, arraigada e invisible durante años, hasta que el feminismo lo declaró una ideología. Pues exactamente lo mismo ocurre con el carnismo que hasta ahora, no tenía nombre y sin nombre, no podíamos hablar de ello y tampoco cuestionarlo.

No es solo que las creencias determinan nuestra conducta, sino que nuestra conducta refuerza nuestras creencias.

Violencia

El libro describe cómo nacen, cómo viven y cómo mueren, diferentes animales para consumo humano. Los anuncios de animales felices pastando en praderas idílicas no son reales. La realidad es que, estos animales sufren al nacer, durante su existencia y hasta el fin de sus días.

El carnismo, además de describirse como una ideología arraigada e invisible, es una ideología violenta porque se organiza en torno a ella. Es imposible procurarse de carne sin matar.

Una violencia que no solo afecta a los animales, sino también a las personas que trabajan con ellos. Muchos empleados de plantas de despiece o mataderos, además de carecer de formación, suelen encontrarse con condiciones laborales de explotación, peligrosas, antihigiénicas y violentas. Pasan horas y horas en un entorno de muerte y estrés, donde la cadena de producción nunca para, pase lo que pase.

Trabajadores que sufren un malestar psicológico y que se vuelven cada vez más violentos, tanto con los animales como con las personas. E incluso, pueden llegar a desarrollar conductas adictivas.

Aún así, no nos paramos a pensar ni siquiera un segundo en por qué comemos lo que comemos y en cambio, sí nos paramos a pensar si escoger una u otra pasta de dientes. El carnismo, al igual que el resto de ideologías violentas, cuenta con una serie de defensas especiales que permite que seres humanos apoyen prácticas inhumanas sin darse cuenta ni siquiera de lo que hacen.

La anestesia emocional pasa a ser desadaptativa (destructiva) cuando se utiliza para permitir la violencia.

Las 3 N

La mitología de la carne se mantiene viva gracias a las tres N de la justificación. Las mismas que se han invocado para justificar todo tipo de sistemas de explotación, desde la esclavitud al holocausto nazi. Las tenemos tan integradas que nos hemos acostumbrado a vivir según sus dictados como si fueran verdades universales, en lugar de opiniones generalizadas.

La costumbre consigue reconciliar a las personas con cualquier atrocidad.
George Bernard Shaw

Las 3 justificaciones que además, nos ayudan a aliviar nuestro malestar moral, son:

Los creadores de mitos

Mantener la desconexión entre la conciencia y la empatía requiere de un esfuerzo sostenido. Un esfuerzo que realizan los pilares del sistema y las personas que las representan.

Uno de esos creadores de mitos son los profesionales que modelan actitudes y prácticas hacia los animales mediante sus políticas y recomendaciones. Por poner un ejemplo, la autora menciona a la Asociación Americana de Medicina Veterinaria que aprobó el uso de las jaulas de gestación, donde se confinan a las cerdas durante el embarazo, de tan solo medio metro de anchura. Por citar un ejemplo más conocido, también encontramos algunos profesionales de la veterinaria que afirman que los toros de lidia no sienten dolor.

En segundo lugar, se encuentra la agroindustria, que fomenta continuamente los mitos de la carne influyendo sobre las instituciones y los profesionales, que a su vez, actúan sobre la política y la opinión pública. Como ejemplo, el libro describe la colaboración que realiza el Consejo Lácteo Nacional, uno de los principales patrocinadores de la Asociación Dietética Americana. Lo que quizás ayuda a explicar la recomendación oficial de consumir tres vasos de leche al día, a pesar de que hay diversos estudios que relacionan el consumo de lácteos, con un mayor riesgo de padecer ciertas enfermedades.

Por último, encontramos a los medios de comunicación, la principal fuente de información y por tanto, la vía directa entre la ideología y el consumidor. Quienes mantienen la invisibilidad del sistema y refuerzan las justificaciones del consumo de carne.

El mito del libre albedrío

Las pautas relacionales que hemos establecido con la carne, es muy probable que empezaran mucho antes de que tuviéramos edad para hablar y que hayan permanecido inmutables durante toda la vida.

Estas pautas de pensamiento y de conducta, se establecen mucho antes de que podamos actuar como agentes libres. Se insertan en nuestra psique, guiando nuestras elecciones como una mano invisible, de forma inconsciente.

El libre albedrío exige conciencia pero las pautas de pensamiento, inconscientes, escapan de nuestro control. Solo quitándonos las lentes del carnismo podremos ver la realidad con nuestros propios ojos, recuperando la empatía pérdida para poder tomar decisiones que reflejen nuestros verdaderos pensamientos y emociones, y esta lectura, es un buen comienzo.

Conseguir el libro

portada del libro por que amamos a los perros
Portada del libro por que amamos a los perros

Título: Por qué amamos a los perros,

nos comemos a los cerdos y

nos vestimos con las vacas.

Autor: Melanie Joy

Editorial: Plaza y Valdes

Nº de páginas: 212

Otras lecturas recomendadas

Si quieres conocer más sobre el trato que hacemos a los animales de granja y qué implicaciones tiene la producción industrial de alimentos en la salud, te recomiendo nuestra reseña del libro «grandes granjas, grandes gripes», de de Rob Wallace. Reseña que hemos titulado ¿dónde surgirán los próximos virus?

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